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sábado, 2 de enero de 2010

JETRO -18-


El más aventajado de los hermanos de la Fraternidad, el hermano más querido de Akhenaton,  tuvo mucho trabajo. Después de disolverse la Fraternidad de los Hijos del Sol, marchó a Madiam. Allí estableció una base de contacto con los “Señores de las Estrellas”. Tuvo un trabajo casi idéntico al del Faraón. Puesto que de su unión con una de las mujeres de Madiam, nació con intervención genética de los “Señores de las Pléyades” su hija Shefora. La parte femenina del Avatar de Aries. Es decir, la parte femenina de Moisés. El sabía bien que cuando un Avatar reencarna en la tierra necesita un macho y una hembra puesto que el Dios que viene de la dimensión andrógina del mundo astral, es macho y hembra a la vez y necesita de ambos soportes en la tierra para expresarse. Lo mismo ocurriría dos mil años después con Jesus y Maria Magdalena.
Jetro que conocía al detalle la metodología de los “Señores de las Estrellas” inició y ayudó a su vez a Moisés, a encontrar a Yavhé en el Sinaí. Propició la unión de su hija y del hijo de su amado hermano Akhenaton y con estos actos, terminó por fallecer el último de los setenta y dos iniciados de la Fraternidad de los Hijos del Sol.
Jetro viejo y cansado, agonizaba entre los brazos y la admiración de los suyos. Una sonrisa emergió junto con el último suspiro. La penumbra de la estancia se iluminó de repente con una extraña luz.
¡Mirad…mirad…. Están todos aquí. Vienen a buscarme. Solo falto yo….!
Akheanton, Nefertiti, Tiy, Amenhotep III, Ramerik y setenta y un hermanos sonreían. Ya estaban todos otra vez juntos. El plan había sido un éxito. Jetró se unió a ellos y tomaron la senda de la inmortalidad.
Moisés fue guiado y ayudado por su padre desde el Carro de Fuego. En los cuarenta años sucesivos murieron todos los liberados de Egipto. Nació otra generación en libertad, con orgullo y con un solo y único Dios.
Y este contacto y esa ayuda del padre y el hijo fue contada así por el libro sagrado:

“ Y sucedía que cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.  Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. Y viendo todo el pueblo la columna de nube que estaba a la puerta del tabernáculo, se levantaba cada uno a la puerta de su tienda y adoraba. Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”.

LA PARTIDA -17-


-¿Qué sentido tiene mi vida?. Todo ha concluido. Nefertiti nos ha dejado, mis hermanos están dispersos, las fronteras han cedido y Egipto esta a merced de nuestros vecinos. El Faraón es esclavo en su propio palacio y mis hermanos de la Fraternidad han llegado a sus destinos. ¿Hasta cuando debo permanecer entre los mortales?.

Todo ocurrió sin aviso alguno, sin premeditación. Akhenaton no podía dormir. Aquella noche llena de luceros le invitaba a salir de sus aposentos. Una de las estrellas comenzó a moverse haciéndose cada vez más grande. El patio de columnas se inundó de luz. Luego ya no estaba en tierra en Egipto, sino con Ramerik, y no en Egipto, sino entre las estrellas.
Los próximos años fueron intensos y de pleno aprendizaje.

Mientras tanto en Egipto se había dado por fallecido al Faraón. Se le consideró un traidor. En los años sucesivos todas las estatuas y representaciones de Aton, de Akhenaton y  de Nerfertiti fueron borradas de los edificios públicos. Tutankhamon reinó muy pocos años. Finalmente los planes de Horenheb y de los sacerdotes de Amon se cumplieron y comenzó un nuevo tiempo en la Tierra del Nilo, un tiempo esplendoroso de la mano de los Ramsémidas. La XVIII dinastía había concluido y con ella. El más grande de los misterios de todos los tiempos. Nunca encontrarán la tumba de Akhenaton y nunca la encontrarán por que este Faraón no murió entre los humanos, fue raptado, al igual que lo fuera después su hijo Moisés, por los “Señores de las Estrellas”.

En Menfis, Betsabet se esforzaba en vigilar a su inquieto hijo. Una luz blanca le compenetraba arrastrándole hacia el Nilo. Desaparecía ante los ojos de su madre, que comenzaba a inquietarse. ¿Dónde estaba su hijo?. Finalmente se había acostumbrado a aquellos raptos, que terminaban por retornar al fruto de su vientre más guapo y mas sabio de cuando había sido raptado por la bola de luz.
¿Dónde has estado todo este tiempo?
Con mi padre y mis hermanos del cielo.
Y Aquel niño fue llamado Moisés; el salvado de las aguas, pero no por lo escrito en el libro sagrado, sino por las numerosas veces que fue abducido en su bola de luz (canepla) y retornado por las aguas del Nilo desde la nave de su padre al hogar de su madre.

LOS SEÑORES DE LAS ESTRELLAS -16-


Akhenaton fue un contactado de los seres provenientes de Orión. El culto monoteísta y carismático que proponían sus hermanos cósmicos trataba en todo momento de acercar al ser humano a la esencia divina que cada uno portamos dentro. Todo estaba preparado para el nacimiento del Avatar de la Era de Aries, Moises. Se habían realizado muchas intervenciones genéticas y todo estaba dirigido para conseguir un selección de una calidad humana más elevada, más psíquica y más intuitiva.
Pero los hijos de Set; los setánicos, también se movían con planes contrarios. Una minoría de sacerdotes del culto de Amon también practicaba sus ritos y sus oraciones para derribar al Faraón y su culto. Estos iniciados setánicos vestían de negro en sus ceremonias y su símbolo era una pirámide invertida. Casi todos ellos están ahora reencarnados en la casta sacerdotal de la Iglesia Católica.
Tal fue el combate entre unos y otros, que los Señores de las Estrellas tuvieron que abortar varios planes para asesinar al Faraón. Finalmente tuvieron que aconsejar al Rey que abandonara su palacio paterno de Tebas y los de Menfis y Heliópolis construyéndose una ciudad separada de las rutas y del bullicio del pueblo.
Finalmente se puso en marcha la construcción de la ciudad de Aton, en el desierto, a medio camino entre Tebas y Menfis. Fue la ciudad de Amarna. Donde el Faraón, su esposa, y sus seguidores mas directos se refugiaron no tanto por vocación, sino para defenderse de las intrigas de la casta sacerdotal, que tenía el dinero y los medios para conspirar en toda regla contra el propio Faraón. Incluso se habían conspirado con el propio ejército. Sobre todo el general Horenheb, hombre conservador y seguidor de las viejas tradiciones, veía con malos ojos, el que su soberano se entregara a aquellas extrañas prácticas religiosas, apartándose de las tradiciones, mientras que los Hititias y babilónicos, habían extendido sus imperios por el Norte invadiendo Mittani y las fronteras del propio imperio egipcio. Este general junto con otros cortesanos estaba preparando un verdadero golpe de estado. Había conseguido hacerse con la confianza de la casta sacerdotal y en los próximos años, conseguiría hacerse con el poder, después de que Tutankhamon, hijo de Akhenaton y de su madre Tiy, fuera asesinado siendo prácticamente un niño. Horemjeb, se casó finalmente con una de las seis hijas de Akhenaton, legalizando así la toma del poder, dando origen a la saga de los Ramsémidas.
Volviendo a los “Señores de las Estrellas”, sabedores de que el culto a Aton y por tanto el monoteísmo no se podía instaurar en Egipto, idearon un plan asombroso que en los próximos años, llevaría a todo un pueblo a instaurar en forma rotunda el monoteísmo.
Por un lado, ordenaron la disolución de la Fraternidad Solar, haciendo viajar a sus miembros con los misterios a las distintas naciones del mundo entonces conocido. Todos estos hombres crearon en cada cultura cultos y actividades iniciáticas a semejanza de lo aprendido en Egipto.
El mejor de lo iniciados de la Fraternidad llamado Jetró, se le ordenó viajar a la península de Sinaí, en Madiam, con el fin de preservar el conocimiento, que en su día debía ser entregado al Avatar de Aries, Moisés.
Se le indicó al Faraón que debía tener un hijo con su propia madre Tiy, a fin de que los anticuerpos sembrados en él pasaran a su hijo Tutankhamon.
Se seleccionó una hebrea, que portaba los valores genéticos de viejo padre Jacob, para que una vez en palacio tuviera un hijo con Akhenaton, a fín de que naciera de esta unión el propio Moisés.
Y finalmente se le ordenó al propio Faraón, se preparara para dejar este mundo, pero no muerto, sino vivo y consciente, puesto que el plan de monoteísmo se realizaría no por si mismo, sino a través de uno de sus hijos. Pero el estaría en el carro celeste (ovni) con los Señores de las Estrellas, mientras que Moisés, sería guiado, junto a su pueblo a realizar la utopía del monoteísmo pero no en Egipto, sino en la Tierra Prometida.

Fue en la sala oval. Akhenaton había bajado a los pasadizos interiores del Egipto oculto. Una vez al año acudía el Farón en  solitario a este lugar para el rito de regeneración. Se trataba de purificar el cuerpo y el alma en las estancias subterráneas de la Gran Pirámide, para ascender después, por un angosto pasadizo hasta la cumbre de la propia pirámide, donde se encontraba el monolito traído por los viejos padre. El pasadizo contenía una pequeña plataforma de madera donde solo cabía un hombre. Por el centro de dicha plataforma pasaba una cuerda de esparto, que a su vez estaba sujeta a un juego de poleas en la cúspide de la pirámide. El propio Faraón tiraba de la cuerda hasta llegar a la cumbre y allí en postura de loto recibía la energía psicotrónica del cosmos. En estas prácticas, que duraban hasta tres horas de contemplación se podía perder hasta cinco kilos de peso corporal, a la vez que se llegaba casi a un estado de deshidratación, por la pérdida de varios litros de sudor.
Estaba en la sala oval, a punto de ascender por el pequeño ascensor, cuando la inmensa sala se iluminó con un extraño esplendor. El olor azufroso junto con un sinfín de chispas estáticas, hicieron palidecer al Faraón. De repente en el centro de la estancia se hizo presente una extraña máquina plateada, parecida a dos gigantescas escudillas de comida adheridas por el centro. Akhenaton había visto varias veces estas anifestaciones de los dioses, puesto que en las reuniones de la Gran Fraternidad eran frecuentes las visitas de los “Señores de las Estrellas”  en dicha sala. Pero a pesar de tales visitas, nunca se terminaba de asombrar y de sorprender por la magnífica presencia de los “dioses”.
La máquina voladora tenía unos veinte metros de diámetro y cerca de seis metros de alto en la cúspide. Del lado inferior de la misma comenzó a abrirse una costura luminosa y casi al instante apareció ante el Rey,  el gran Ramerik; Maestro Supremo de Orión, que en los tiempos del nacimiento del Viejo imperio, habría venido con el nombre de Ra,  para instruir a Thotek y los primeros Faraones. En estas ocasión no venían con él sus hermanos,  Osiris,  Isis y  Anubis.
Maestro, ¿Qué deseáis de mi?
Vengo a prevenirte y a anunciarte que el plan que te anunciamos por medio de nuestro hermano Amenhotep, “que viva muchos años en el Paraiso”; va a ser modificado. No es posible establecer entre tu pueblo el culto a una sola unidad de conciencia. No se dan las condiciones sociales, políticas y sobre todo espirituales que nos permitan romper las supersticiones religiosas, el dominio de la casta sacerdotal y la ignorancia de la mayoría de los educadores de tu pueblo. Dispersa la Fraternidad. Y disponte a venir con nosotros.
¿Pero como puedo yo ser digno de tal honor?, ¿Y que pasará con mis hermanos y mis hijos?
Ellos tienen su propio programa de vida. Todos están cumpliendo su propio devenir. A pesar de todo tu amor por ellos, nada ni nadie puede alterar su recorrido evolutivo. Cada uno tiene que realizar su verdad, sin que podamos alterarla. Incluso viendo a tu propio hijo metiéndose en el peligro más grande, y aún desgarrando tu corazón, el debe experimentar por si mismo y establecer conciencia por dicha experimentación.
A partir de este momento no comerás carne, no tomarás bebidas nocivas, y no vendrás a las ceremonias de regeneración. Cuando la Ciudad del Sol este concluida procurarás no salir a las fronteras ni permanecer mucho tiempo en Tebas. Existe todo un programa humano y suprahumano que quiere aniquilar nuestro proyecto y acabar con tu vida.
Esta a punto de nacer el Avatar del Carnero, y lo hará de tu carne y de tu sangre.
¿Quién será la madre; gran Maestro?
No lo será tu amada esposa, ni tu madre, ni ninguna de tus hijas. Ya esta designado el vientre que tendrá tal honor. No será princesa ni hija de nobles. Será humilde, callada y virgen. El más grande los Señores de Cielo nacerá de una esclava,  a fín de que se cumpla el misterio por el cual, el Señor, servirá al esclavo, a fin de que el esclavo aprenda a amar al Padre Creador de todas las Cosas. ¡Pero escucha bien Akhenaton!. La mujer designada no será de tu harén. Ni será obligada a engendrar, ni poseída. Pues todo Avatar debe nacer del amor y del deseo entre los dos principios.
¿Cómo sabré que es la mujer designada?
Tu no lo sabrás, sino tu corazón. El te arrastrará hacia ella, pues la elección no la haces tu, sino el que cabalga sobre ti.
Sea pues, así y hágase la voluntad del cielo.
En muy pocos segundos, la figura de Ramerik se adentró en el plato volador y casi al instante la sala oval se quedó en un profundo silencio, con la pena del faraón, que pensaba en tanto esfuerzo de su padre, de su maestro y de los hermanos de la Fraternidad valdíos. ¿Cómo podía decir a los suyos que la utopía y el propósito de su vidas no se podía realizar?.
Desde aquel encuentro Akhenaton, se refugió en una profunda tristeza interior, dejando el imperio en manos de sus funcionarios. Ya no sería más el Rey, sino el ermitaño del desierto.
La Fraternidad se reunió una vez más bajo la Gran Pirámide. Se escondieron los símbolos sagrados. Se ocultó el escarabajo de diamante límpido. Se cerraron las galerías. Se ocultaron los libros de Thot; de alguno de los cuales, se habían hecho copias en los años anteriores. (muchos de estos libros fueron pasto de las llamas en el incendio de la Biblioteca de Alejandría). Se inundaron varios pasadizos. Los “Señores de las Estrellas” dejaron en la sala oval el testimonio de su presencia, puesto que uno de sus vehículos aún permanece allí en nuestros días.
El llanto, y la impotencia de los setenta y dos hermanos resonó en todo el Cosmos. Tembló la palmera, lloraron todos los perros de Egipto. Se obscureció el cielo. Trepitó la tierra. Los niños en las cunas gritaron al unísono desconsolados. El tiempo paró y el espacio se encogió en aquella ceremonia de la Fraternidad de los Hijos del Sol.
Nefertiti y Akhenaton abrazaron a cada uno de sus hermanos. Todos se conjuraron para retornar unidos en las siguientes vidas. En el centro de la sala oval se dibujaron las siluetas de Ramerik, Isis, Osiris, Anubis. Era el “adios” de aquel tiempo para adentrarse en “hasta la eternidad” del reencuentro. Es por esto que nuestros corazones lloran todavía cuando el espíritu inmortal rememora los símbolos del “Corazón Púrpura”, “La Rosa” “La Cruz”, ciertos sonidos, ciertas posturas, ciertas imágenes, que siguen guardadas en nuestras almas. Es por esto que por miles de años, nos quedamos sin familia, sin patria, sin hogar donde descansar nuestros corazones. Es por esto que nuestros huesos se duelen al no poder todavía verter entre “los cerdos” las “perlas” de aquel “supremo conocimiento”.
Hubo más reuniones, pero no en Menfis, sino en Amarna. Pero no se volvió a alcanzar la brillantez y la plenitud de antaño. Los hermanos fueron poco a poco alcanzando sus destinos en el mundo. Jetró, el mejor de todos ellos terminó por destrozar el corazón del Farón y de su esposa al marchar a Madiam.

Era el tercer año del comienzo de las obras de Amarna. Akhenaton tuvo que viajar todavía una vez más a Menfis. Razones de estado le obligaron a entrevistarse con la plana mayor de sus ejércitos.
La historia de Egipto se centraba en dos centro de poder fundamentales; por un lado Menfis y por otro Tebas. Amenhotep III, el padre del Farón Hereje, había preferido Tebas, pero una gran parte de los servicios administrativos del imperio se ubicaban en Menfis.
El palacio del Rey era suntuoso, siempre lleno de nobles, de funcionarios de diverso rango y escalafón. Cuando el Faraón no estaba en él, se encendía una lámpara de aceite en los aposentos reales como si el alma del soberano estuviera acompañando a sus súbditos.
Dime Hatot, ¿Quién es la esclava que cada mañana recoge los lienzos de mi lecho y renueva mi vestuario.
El mayordomo del palacio quedó un poco asombrado de que el “hijo de los Dioses” se interesara por aquella esclava hebrea.
Se trata de Betasbet; mi señor. Es una joven hebrea que se ocupa de la lavandería de palacio. ¿La deseáis para vos, Señor?.
No mi buen mayordomo. Tu señor, el hijo de los Dioses, aún teniéndolo todo, debe mostrar desapego a su pueblo.
Akhenaton recordaba las palabras severas de Ramerik. A ninguna mujer podía poseer contra su voluntad.
Día a día. Betasebet esperaba tras el lienzo de terciopelo la salida del Faraón para proceder al aseo de su estancia. La mirada baja y sumisa, escondían una bellísima cara morena, repleta de ternura y de candor. Jamás hubiera imaginado que el Rey se había fijado en ella.
Pasa a mi estancia Betsabet.
Divinidad; ¿Qué deseáis de mí y como sabéis mi nombre?
Os deseo a vos. Sería el ser más afortunado del mundo si esta noche yaceis conmigo.
Akhenaton se quedó perplejo al comprobar la osadía de su ruego. Incluso siendo el Faraón, y sobre todo por esto mismo, debía guardar la compostura que correspondía a su rango. Eran normalmente los mayordomos reales, los que acudían al haren real para buscar la mujer a la que correspondía yacer con el Faraón.
Vos sois mi señor. Tomad de mi cuanto deseéis. Pero os ruego que consideréis mi condición de sirviente y de fiel creyente en mi Dios y en mis tradiciones. Solo puedo entregarme al hombre que sea  mi esposo.
¿De que Dios hablas?
Del único Dios, Padre creador de todas las Cosas, Yavhe.
Justo al pronunciar esta palabra, la mente del Rey comenzó a girar a una tremenda velocidad. Estaba intentando unificar a su pueblo en torno a un solo Dios, cuando entre las clases más bajas ya existía esta semilla. Además se trataba de un pueblo de esclavos, que por ser reprimidos, habían fortalecido sus lazos de supervivencia mediante la unión lógica de las especies amenazadas.
¡Háblame más de tu Dios!
Poco puedo contaros yo mi Señor, solo los rabinos pueden hablar de El.
Ve en paz, Betasabet yo acallaré mi deseo en nombre de tu Dios.
Los siguientes días, fueron intensos para Akhenaton, no tanto por el trabajo propio de su reino, sino por las reuniones diarias que mantuvo con los rabinos más viejos del pueblo de Israel. Fue en ese tiempo cuando comenzó a valorar de nuevo la construcción de la Sinarquía Solar pero de la mano de su pueblo, sino de los esclavos. Iba finalmente comprendiendo los planes de los “Señores de las Estrellas” trasmitidos por Ramerik. Si efectivamente aquellos cientos de miles de parias, conseguían un caudillo, se darían las condiciones óptimas para comenzar un nuevo orden. El mayor problema estaba en la promesa que su Dios, les había dado de recuperar la tierra prometida, que al parecer estaba al Norte de su imperio. Inevitablemente la Sinarquía Monoteísta se produciría no en Egipto sino fuera.
Fueron días tormentosos para el Faraón. El deseo de poseer a Betsabet no le dejaba descansar. Trataba de retenerla junto a sí, pero volvía a su mente las palabras de Ramerik, con la prohibición de no poseer a la mujer. Algo en el corazón del Rey le decía que aquella era la mujer. Pero ella no mostraba ningún deseo hacia su Señor.

Pasaron dieciocho días. Había Luna llena. Aquella noche la joven virgen, dormía en su habitáculo, en la parte posterior del palacio. En los arrabales de los esclavos hebreos. Era una noche normal. Betsabet dormía plenamente, la jornada de palacio la había extenuado. En un momento comenzó a soñar. Se veía arrebatada por una extraña luz que estaba encima del palacio. Aunque estaba dormida sentía plenamente la suave brisa de las noches de Menfis, el vértigo de ganar altura y el miedo a caerse.
Luego se vio reposando en un lecho blanco. Todo estaba lleno de luz. Estaba desnuda, pero no sentía vergüenza alguna. Pequeños hombrecitos con grandes ojos negros iban  y venían por la espaciosa sala, portando instrumentos o herramientas que nunca había visto. En la sala entró un ser alto que desprendía luz. Era bellísimo. Emanaba una beatífica sensación de amor. La joven parecía vivir en el paraíso. Pero este estado no duró mucho puesto que los seres pequeñajos comenzaron a introducir una varillas metálicas por todo su cuerpo. No sentía dolor alguno, pero se veía ultrajada en su intimidad, sobre todo por que dos varillas entraron por su vagina. El sueño se tornava tortuoso y comenzó a sentir angustia. Pero no podía retornar a la vigilia, pues se sentía prisionera de un estado cataléptico que nunca en su vida había experimentado. Finalmente se despertó sudorosa, jadeante, llorando. Todo parecía estar normal, pero comprobó horrorizada que en los lienzos que cubrían la paja del lecho, había sangre, que a su vez había salido de su sexo. Miró su cuerpo y comprobó asimismo que su cuerpo tenía marcas precisas de incisiones que se correspondían con la ubicación de las varillas del sueño. ¿Lo había soñado, o simplemente estaba loca?. ¿Qué habían metido aquellos hombrecillos en su sexo?. No pudo responderse, no solo por que no tenía respuesta alguna, sino por que la campana de palacio le recordaba que estaba amaneciendo y comenzaba su tarea habitual.

Corrió con suavidad la cortina de la puerta que daba acceso a la estancia del Faraón. Akhenaton  vio a la doncella con una belleza inusitada, mordiéndose el deseo como los días anteriores. ¿Cómo era posible que el Rey de Egipto, que tenía miles de mujeres a su servicio se había obsesionado con aquella esclava?.
Pero ocurrió el milagro. Inesperadamente Betsabet dejó caer la túnica que le envolvía. Estaba desnuda ante su Faraón. Era una autómata sin conciencia, solo atada por un extraño deseo que jamás nunca había sentido.
Comenzó a sentir el calor del primer hombre de su vida. Era algo intenso, agradable, y a la vez deseado. Sentía dentro de si el ardor del deseo del Faraón hasta llegar a un clima de verdadero éxtasis. Perdió el sentido. Una rarísima visión se le presentó en la cabeza. Veía que su vientre era un campo y que una semilla caía dentro. Esta semilla crecía hasta hacerse grande. Luego la semilla se desgranaba y cada uno de estos granos crecía a su vez repitiendo millones de veces la misma operación. Comprendió entonces, sin ninguna dificultad que aquel acto incontrolado terminaría en un embarazo. Volvió en si experimentando una mezcla de deseo, placer y dolor a la vez. Sin duda estaba experimentando lo que su madre le había explicado en muchas ocasiones. Ya no era virgen, pero no le importaba.
Los quince días que siguieron a este acontecimiento, Betsebet se entregó por deseo voluntario a su Rey. Luego todo se terminó. Ambos sabían en su interior que habían sido instrumentos de Dios. Ambos sabían que debían seguir sus destinos.
Akhenaton llamó a palacio a Samuel, el Sumo sacerdote de Israel.
Debo partir, sabio anciano. Pero te encomiendo una tarea que deberás cumplir por ti mismo aceptándola de buen grado o por la fuerza. Deseo que Betasebet sea liberada de su obligación religiosa. La he tomado como una de mis esposas. Nada ni nadie podrá ofenderla. Vivirá en palacio por el resto de sus días. El fruto de su vientre, lleva mi sangre (Akheanton sabía en su interior que Betsabet estaba embarazada).
 -¡Quien soy yo para oponerme a la voluntad de mi Señor!. También nosotros sabemos que de una de nuestras mujeres nacerá un príncipe que liberará a nuestro pueblo. Cuidaré de la mujer y nada ni nadie ofenderá su vida ni el fruto de su viente.

Luego llamó a  Hatot y le dijo:
Debo partir. No se cuando retornaré. Pero te encomiendo por tu propia vida, que Betsabet sea respetada y liberada de cualquier tarea. Vivirá en palacio ocupándose de mi estancia personal. Deberás entregar al escriba este edito por el cual la libero de servidumbre y ordeno le sea entregada una renta de por vida, y su hijo sea instruído en el templo como un hijo mio.

Akhenaton no volvió más a Menfis, el riesgo de ser asesinado se lo impedía. Se quedó en Amarna. Nunca olvidó a Betsabet, pues sabía que era la elegida. Se ocupó día a día de que el niño nacido de su vientre fuera educado como un príncipe. Pero no puedo disfrutar de su presencia, puesto que cuatro años después Akhenaton se reunió con los Señores de las Estrellas.
Nefertiti supo de la existencia de aquel nacimiento y aunque el Faraón tenía varias decenas de niños nacidos del harem real, algo le decía que aquella esclava y que aquel nacimiento eran distintos. Nunca reprochó a su esposo nada, entre otras cosas por que el Faraón tenía derecho sin replica a poseer a toda mujer de Egipto.
Se esforzó Nefertiti en darle un hijo a su esposo, y lo consiguió finalmente pero a los cuatro meses de haber dado a luz a su hijo murieron ambos de un glaucoma vírico.

NEFERTITI -15-


Hija del gran cortesano y dignatario de la corte Hay, amigo personal de Amenofis III, consiguió ya desde el principio romper el protocolo cortesano y las tradiciones, puesto que lo normal hubiera sido que Akhenaton se casara con su propia hermana Sit-Amón. Pero la personalidad magnética, bella y seductora de Nefertiti cautivó el corazón del Rey. Contaba solo doce años, cuando la hija de Hay fuera entregada como esposa a Akhenaton, que a su vez contaba con solo dos años más. Fueron una pareja carismática, entregada por amor, al proyecto monoteísta de instaurar un culto único, que pudiera hermanar al hombre con  un solo Dios.
Nefertiti había sido instruída en los misterios y tenía compenetrada en su alma la parte femenina de un Avatar. Ella sabía que Dios vive consciente, creativo y directivo en los Soles del Universo. Que cada Sol contiene la genética planetaria y los espíritus de cada individuo. Ella sabía que en los Soles viven los Elohim, señores creadores de vida. Que cada Sol es un Padre, un Cristo, un pequeño delegado de la Suprema esencia Divina. Es por esto que enseguida se incorporó como suprema sacerdotisa al culto a Aton.
Tuvo seis hijas con Akhenaton. Finalmente tuvo otro hijo, pero teniendo el niño unos pocos meses murió junto a su madre en una de las frecuentes plagas infecciosas que golpeaban a la población.
Fue enterrada con su pequeño, pero los iniciados de la Gran Fraternidad Solar cortaron su boca con objeto de que no contara los secretos de los iniciados al llegar al otro mundo.
Nefertiti reencarnó posteriormente como Jose de Arimatea, con la misma función de guardar el Grial.
Akhenaton y Nefertiti fueron, son y serán siempre “La pareja Solar” y junto con sus iniciados cantaron su dios Aton con amor y veneración el gran canto crístico que igualara y rememorara dos mil años después el propio Jesucristo cuando decía: “Yo soy la Luz del Mundo”.
Nerfertiti fue compenetrada por los valores de Isis, la Gran Madre e inspiró, incluso impulsó con más fuerza que su propio esposo el culto carismático y monoteísta de Aton. De hecho a su muerte, el faraón vivió una tremenda crisis generando el final de su esplendor.

AKHENATON -14-


Al fallecimiento de Amenofis III, subió al poder, con la regencia de Tiy, su hijo Akhenaton. Su hermano mayor Tutmosis había fallecido previamente y fue él por orden de sucesión quien heredó el trono. La aún joven y lozana madre del Rey, conservaba toda la belleza y fuerza de una viuda que se había entregado primero al servicio del padre y ahora al servicio del hijo, pero en mayor medida al servicio de Egipto.
Amenhotep también había dejado este mundo. Pero previamente a su marcha, había instruido a Akhenaton en los misterios. El propio Faraón había estado en el Egipto secreto del interior de la esfinge. Conocía secretos que ningún mortal jamás pudiera haber soñado. Era un joven sabio.
El viejo maestro había entregado al joven Faraón la encomienda de crear la Gran Fraternidad de los Hijos del Sol. Tal era el designio de los “Señores de las Estrellas” y los años siguientes al fallecimiento de su padre y de su maestro, el espíritu de Akhenaton se vio redimensionado del conocimiento superior. La más grande las revoluciones espirituales de todos los tiempos se había puesto en marcha.

Desde todos los confines del Imperio, incluso de otros países fueron siendo despertados los espíritus de diversos seres a fín de crear la Gran Fraternidad de los Hijos del Sol. Finalmente Akhenatón logró formar setenta y dos hermanos, que fueron iniciados en los misterios. Una vez al año se reunían todos en la ceremonia de la “Recepción del espíritu de Ra”. Luego en diversos grupos y en diversas ceremonias, se sucedían encuentros, donde se trabaja en el conocimiento y en la iluminación.
La Gran Ceremonia se realizaba en la Sala oval del Egipto Interno. Bajo la Pirámide. La Guardiana del Sello; la esposa principal del Rey, la bella Nefertiti, ostentaba el lado femenino del Avatar y era a ella a quien correspondía guardar el escarabajo sagrado. Dicho escarabajo era una talla en cristal de roca pura, traído de la Constelación de Orión por lo antiguos padres.
Se entonaban bellos cantos que partiendo del estómago de los cofrades, se proyectaban al paladar, presionando la lengua sobre el mismo, a la vez que los ojos volteaban cerrados a la glándula pineal. Nefertiti ponía en escarabajo sagrado sobre una pequeña ara de grafito. Se tocaba una campana y todos se concentraban sobre aquella maravillosa joya. Poco a poco se producía una niebla blanca y espesa que iba definiendo el rostro y el cuerpo de un “hierofante”. Un Maestro que vive en el futuro y en otra dimensión, proyectaba su alma ante el grupo y les instruía en los misterios y el conocimiento.
Otras tantas veces eran convocados al gran hangar, que aún hoy se sitúa bajo la pirámide de Keops. Y ante todos ellos se producía el milagro de la materialización interdimensional de seres de carne y hueso venidos de las estrellas.
A estos “Hermanos superiores” les gustaba enseñar las habilidades propias del potencial humano. Se ponían máscaras, como la del perro o la del gato, incluso de algún pájaro, con objeto de producir en el inconsciente del adepto el despertar de las facultades perceptivas de estos animales. Ellos sabían que en cada ser humano esta dormida la memoria del gato, del perro, de la planta o del propio diplodocus. De esta práctica se popularizó por parte de los no iniciados la idea de representar a los dioses con cara de animales y cuerpo de hombres.
Todos los hermanos de la Fraternidad de los Hijos del Sol conocían que Dios no necesita de intermediarios. Que los dioses adorados por los hombres no eran sino representaciones más o menos próximas de otros hermanos más evolucionados que venían de las estrellas y que sembraron la vida sobre el planeta. Todos los hermanos de la Fraternidad sabían que Dios esta en todos y todo forma a Dios, y a su vez que Dios es el “sin forma”.
Todos los hermanos se juramentaron por todas su reencarnaciones el no adorar a estatuas y no crear cultos, templos e iglesias que alejaran a Dios de la más íntima de sus  moradas; es decir, el corazón humano. Todos sabían que adorar a un ser encarnado de carne y hueso era un gran pecado.
Cada uno de los setenta y dos había desarrollado diversas habilidades de precognición, profecía, telequinesia, desdoblamiento, pero se juramentaron para no mostrar estas habilidades en público,  a fin de no crear seres sometidos al fenómeno y no a la esencia.
Todos los espíritus inmortales de la vieja Fraternidad grabaron en la esencia de su ser, el crear la Sinarquía de todos los hombres, de todas las razas, de todos los seres vivos del planeta.
Ellos mostraron y aún muestran a los hombres que Dios no necesita de intermediarios ni de templos, que basta el corazón humano y práctica de la virtud para vivir en la consciencia de Dios.
Es por eso que Akhenaton y los sacerdotes de Amon, se enfrentaron en una lucha fratricida puesto que la doctrina de los Iniciados del Sol era contraria a los macabros intereses de una casta sacerdotal rica, desmotivada y alejada del espíritu divino.
Pocos conocían que los iniciados en los misterios se reconocían por llevar dibujada en sus mantos un corazón púrpura y una rosa. Tenían también como norma besarse tres veces en cada ceremonia, aunque no lo hacían en público puesto que esto les podía dar verdaderos problemas.
Los sacerdotes de Tebas que adoraban a Amon, levantaron un  bulo peligroso y a la vez vejatorio para los seguidores de Akhenaton.  Todos pensaron que las continuas visitas de gente joven a palacio, tanto en Tebas como en Menfis hacia sospechar de inclinaciones homosexuales por parte de Rey. Quizás la aristocracia espiritual y el porte sutil de los iniciados del Sol, daba a entender que se trataba de personas con inclinaciones afeminadas. Pocos podían entender que Akheanton amaba a sus hermanos de Fraternidad, no en el cuerpo, sino en el espíritu. Pocos podían entender que aquel extraño atractivo no se debía tanto a su cuerpo físico sino a lo que irradiaba sus almas.

EL MUNDO INTERNO -13-


¡Huy…Huy!, repetía la voz en la cabeza de Amenhotep. Y el sonido tan familiar para él le hizo escudriñar inquieto cada rincón del palacio. Como siempre era su hermano invisible. Era el cálido acompañante de sus meditaciones silenciosas.
Busca, hermano en el corazón del león, pues ha de abrirse el sello y la puerta del cielo.
Amenhotep no entendía nada de cuanto oía en su interior. Estuvo mascullando esta frase día y noche, hasta el punto de ser una verdadera obsesión, sin que acudiera a su mente ninguna solución al enigma.
Pasaron dos semanas antes de despachar los asuntos de estado con el Rey de Egipto Amenofis III. Inevitablemente el Faraón vio inquieto a su Visir y no pudo por menos de preguntarle.
Que te sucede Hoy. Veo que no te concentras en lo que te digo y estás ausente. ¿Estas enfermo?. ¿Necesitas descansar?.
No mi Divino Señor, tan solo son mis propias obsesiones interiores. Estoy descifrando un enigma y no encuentro la solución.
Puedes contármelo a mi, mi buen amigo. Sabes que eres como un hermano.
Debo buscar en el corazón del León. Y no se si se refiere a preocuparme por mi salud o por que mi corazón esta viejo o quiere significar otra cosa.
“Busca en el corazón del león”. Esta frase esta en el testamento de mi padre, y en el de mi abuelo. Es una frase que pasa de padres a hijos y tampoco yo he sabido encontrar la solución.
La reina Tiy que se acercaba en ese momento a saludar al visir replicó automáticamente:
Solo hay un león con un inmenso corazón capaz de albergar a un hombre. Es la Esfinge. El monumento que nuestros mayores dejaron como referencia de nuestra identidad. ¡Busquemos en ella!.
Los tres callaron por un momento, a la vez que en cada uno de ellos se iba haciendo la luz del conocimiento. Quizás el enigma no era sino una puerta física que pudiera adentrarlos en algún lugar sagrado o secreto.
Aquella noche, tres sombras vestidas de tupido negro, con sendas linternas y un pelotón de guardia se acercaron a la gran llanura donde moran las casas de los dioses; las pirámides. Los guardias se preguntaban que extraña locura había embargado a sus señores, para que en plena noche salieran furtivos de palacio.
Los guardias formaron un amplio círculo alrededor de la esfinge. Vigilaban atentamente, mientras que los nobles encapuchados golpeaban suavemente alrededor de del monumento. El sonido era de roca sólida. Sin duda se habían equivocado. Pero Tiy, más perceptiva dijo:
Tenemos que ir más abajo, bajo la arena.
El tiempo pasaba mientras el jefe de la guardia traía sendas palas. Eran las tres de la mañana y aquel extraño comportamiento de sus soberanos le hacía divagar sobre las ocultas intenciones.
Hicieron un pozo de un metro de profundidad junto a la base de la esfinge por la cara anterior, buscando el corazón del león tumbado. Esta vez los golpes sonaban huecos. Acercaron las mortecinas lámparas de aceite hasta que en el lado izquierdo de al roca apareció dibujado un corazón. Dieron un golpe fuerte sobre el mismo y muy suavemente comenzaron a escuchar un vaciado de tierra. Era como un filtro que dejara pasar partículas de arena. Repentinamente los tres cayeron al fondo de un pozo de base cuadrada. La arena impregnó sus cabellos y se vieron revolcados en un suelo pedregoso extrañamente pulido. Tomaron las linternas que yacían en el suelo y recorrieron un largo pasadizo que bajaba hasta diez metros en rampa de cuarenta y cinco grados. Luego se hacia plano y horizontal a la superficie.
Extrañas figuras aladas y raros vehículos voladores se dibujaban en las paredes con colores cromáticos brillantes y llamativos. Anduvieron durante media hora hasta desembocar e una inmensa sala, de la que partían a su vez varias ramificaciones de túneles semejantes al recorrido. Aquella sala contenía infinidad de grabaciones en un extraño metal. Amenhotep conocía aquella escritura, puesto que como escriba estaba familiarizado con los viejos escritos de los antiguos padres.
Este lenguaje tiene mas de tres mil años. Ya no se usa
¿Qué quiere decir?
Tendría que estar mucho tiempo estudiándolo, pero parece que hace referencia a una puerta que viene de las estrellas y de navíos celestes que van y vienen de lo alto.
Aquel descubrimiento además de ofertarles una tremenda aventura debía ser tratado como un asunto secreto de estado. Optaron finalmente por salir de las galerías, dejando todo como estaba. Cerraron por tanto la entrada. Pusieron una férrea guardia junto a la esfinge y montaron una enorme tienda, infranqueable para todo ciudadano.
Amenhotep se trasladó a vivir a la tienda, haciendo circular el rumor de que necesitaba recibir la fuerza de la esfinge para tomar decisiones de Estado. Allí permaneció por un periodo de dos meses. Finalmente nadie se preguntó por aquel extraño comportamiento y por otra parte los oficiales de la guardia que les habían escoltado en la noche del descubrimiento fueron trasladados con una misión de vigilancia a Elefantia, en el extremo Sur del país.
Amenhotep recorrió miles de metros de túneles, observó cientos de pinturas, miles de libros, dejados allí por el propio Thot, hacía más de tres mil años. Observó extrañas máquinas incomprensibles para él y su tiempo. Aquel era otro Egipto, más trascendente, más profundo, más viejo, pero a la vez, más incomprensible y majestuoso.
Aún hoy siguen allí miles de objetos, miles de respuestas, esperando ser descifradas. (1)


AMENHOTEP -12-


Este gran personaje nació hacia el 1.418 antes de Cristo en la ciudad de Atribis en el Delta del Nilo, fue hijo de Hapu (escriba real y Superior de los sacerdotes del templo de Horus-Jety). Desde niño su trabajo y actividad se vinculó al servicio administrativo del templo de su padre. Poco a poco fue ganándose el respeto y la consideración de sus superiores, no tanto por sus cualidades y disciplina, sino por su innata inteligencia.
Contaba con aproximadamente treinta y tres años, cuando le sucedió una extraña experiencia que nunca pudo olvidar en el resto de su vida. Había sido delegado por el Superior del Templo de Horus, para contar las rentas de varias casas en los suburbios de Menfis. Eran propiedades de los sacerdotes, pero aquel barrio no era precisamente un lugar acogedor por un funcionario. Habían sido varios los asaltados, aporreados incluso alguno se había encontrado con la muerte.  Soldados retirados, prostitutas, ladrones e inmigrantes de Mitanní, así como esclavos nubios, formaban el grueso del vecindario. Amenhotep enfiló la calle principal para cumplir con su cometido, era día de mercado, por lo que la concurrencia era insoportablemente numerosa. El olor del ganado, la fruta, los vendedores de inciensos y los mendigos eran más que un pueblo, una jauría de despropósitos. El escriba se abría paso con dificultad. En un momento determinado, escuchó una fuerte voz en su cerebro:
Huy…Huy…..ven hacia mi.
El funcionario volvió rápidamente la cabeza extrañado por que no había sido llamado por su nombre, sino por el apodo popular que tenía asignado este nombre tan común entre los egipcios. Intentó encontrar a su posible interlocutor, pero todos iban a su aire. ¡Sin duda no se trataba de mi! –pensó para dentro- pero de nuevo volvió a escuchar aún con más fuerza la misma voz: -Huy….Huy..ven hacia mi- Esta vez se paró en seco lo que le propició más de un empujón. Por una extraña razón, su vista y su mente se centraron en  un mendigo andrajoso que estaba sentado en el escalón superior del portal de una de las caóticas chabolas de adobe que pululaban por la calle. Sin saber como, atraído por una especie de magnetismo animal, se encontró con los ojos de aquel personaje. Eran ojos verdes, no comunes para aquellas latitudes, muy brillantes. Le miraban fijamente, con ternura pero con firmeza.
Te ruego buen escriba me ayudes con un poco de comida, pues hace días que no he probado bocado.
Amenhotep acercó la mano a su bolsa, donde llevaba para el almuerzo un poco de queso de cabra y unos dátiles. Se disponía a sacar parte de su comida, cuando el anciano, fijando aún más la mirada le dijo.
No necesito pan sino el alimento de tu alma.
¿Cómo puedo darte mi alma, noble anciano?
Solo cuando no tengas nada. Solo cuando no desees nada, Solo cuando ames a Dios sobre todas la cosas podrás darme el alimento que yo necesito, que no es material sino espiritual.
Aquella respuesta lo desconcertó del todo, pero era aún  más fuerte la sensación interior de plenitud que le embargaba por dentro. ¿Qué estaba pasando?, ¿Quién era aquel anciano?...Como escuchando sus vertiginosos pensamientos volvió a escuchar:
Mi nombre es Abu Smaely Swandy, pero este nombre nada te dice. Aquí entre los tuyos soy mendigo, pero entre los míos soy un príncipe. Ha llegado el tiempo, hermano, en que comenzarás recordar de donde vienes y el compromiso que tienes con tus hermanos.
Yo soy Amenhotep,  hijo de Hapu. No tengo hermanos, y tampoco recuerdo haber hecho ningún compromiso, sino es con mi superior en el templo.
La venda de la carne ciega los ojos de tu espíritu, pero poco a poco el velo irá cayendo para que recuerdes el propósito de tu vida y la tarea que te ha sido encomendada. Nosotros te guiaremos. Escucharás en tu cabeza mi voz y la de mis hermanos. Se limpio de corazón y no te dejes seducir por el poder temporal de los hombres, pues tu recompensa esta en el otro lado.
No había terminado de decir estas palabras, cuando repentinamente fue despertado de su breve letargo por las risas de una vieja y unos niños que veían a un escriba doblado sobre su espalda y hablándole a la esquina de la casa. Estaba aturdido, no sabía el tiempo que había estado así, el ridículo le hizo reaccionar saliendo a todo correr del lugar. Pasaron dos horas más antes de que pudiera asimilar aquella experiencia. Estaba profundamente turbado. Sin duda los últimos días, en que estaba absorto por el trabajo le habían trastornado. Se disponía a acudir al médico, cuando de nuevo escucho la voz fuerte y nítida en su interior: Huy…Huy….ánimo, no ha sido un sueño, yo estoy hasta en el último rincón de tu alma.
No volvió a escuchar esta voz hasta cumplidos los cincuenta años, justo en el momento en que el Faraón Amenofis III le confió la dirección espiritual y material del país, así como la enseñanza e iniciación de sus hijos, entre los que se encontraba Akhenaton, quién, por otra parte prosiguió aún con más maestría en la práctica de los sagrados misterios.
Una de las claves que nos puede dar una idea clara del carisma de este personaje, se refiere a su calidad de iniciado. En una de sus estatuas figura esta leyenda: “Yo penetré entonces en la literatura religiosa y conocí los trabajos útiles de Tot. Me convertí en conocedor de las ideas inaccesibles al común de las gentes. Comprendí todos los pasajes oscuros…” En definitiva, un iniciado en los misterios. Un sabio que recogió las viejas enseñanzas de los dioses antiguos para trasladarlas a su tiempo. De ahí lo de “enseñanzas útiles”. Fruto de esta utilidad consiguió todos los nombramientos más encumbrados del reino, fue en un momento determinado quien regia los destinos de la gran nación egipcia con el total beneplácito del Faraón. Realizó infinidad de obras, como el templo de Mut en Tebas del de Ja em Maat, del de Jonsú, Luxor, ciudad palacio de Malkata, templo funeario de Amenofis III, templos jubilares de Soleb y Sedeinga, los colosos de Memnon. Trabajos de canalización y urbanismo. Artífice del censo de la población. Autor de rituales y de celebraciones.
Una inscripción de una de sus estatuas en Karnac dice: “…Soy un verdadero ser de élite en medio de la masa de los humanos; un hombre cuya inteligencia comprende todo cuanto recorre la sala del Consejo y a quien las cosas más excepcionales le parecen naturales; saca las lecciones de los acontecimientos, incluso cuando las conclusiones son oscuras; soy un maestro de perspicacia que satisface el corazón de su soberano y que hace cosas magníficas para su Horus..”

Tal fue su prestigio que mil años después de su muerte, fue elevado a la divinidad siendo asimilado al dios Ptha, dios de la medicina y de la sabiduría.

Esta profudamente ilustrada su biografía entre los humanos, gracias a la multitud de testimonios pétreos que se han conservado de su época y posteriores, pero pocos o nadie conoce los verdaderos misterios esotéricos que jalonan su casi centenaria vida. Veamos ahora alguno de estos hechos impresionantes:

Escucha o gran príncipe.
El inquieto y avispado Akhenaton volvía loco a su maestro Amenhotep. Cada atardecer el niño acudía a la presencia del maestro en el palacio de Malkata. Tal era la orden explícita de Amenofis III respecto de la educación de sus hijos. El joven príncipe parecía estar a menudo en una profunda abstracción psicológica. No tanto por que no atendiera, sino por que las palabras de su maestro le transportaban sin desearlo a un estado de conciencia, en el que el tiempo y el espacio se convertían en otras presencias y otras sensaciones atemporales.
Escucha príncipe; estos son los misterios principales que tendrás que aprender para adentrarte en el mundo de los misterios absolutos. Solo viviendo estos principios podrás traspasar los muros de la ignorancia de la carne. Solo traspasando estas puertas podrás viajar a la morada de los dioses.

Todo es mente, querido hijo. Todo lo que ven tus ojos, perciben tus sentidos o puedes aislar en este mundo es el resultado de una idea, de una mente que lo ha diseñado, que los ha pensado. Todo elemento manifestado tiene detrás un principio no manifestado. Los ojos de la carne solo pueden ver el mundo de la materia, pero los ojos del espíritu ven el espíritu que compenetra hasta la más simple partícula de este mundo. Todo tiene mente, todo piensa, todo se moviliza con una lógica. No existe el azar. Todo sigue el plan del creador de cada elemento y todos los creadores, siguen el plan del Profundo.
¿Lo has entendido, hijo mio?.
Si mi amado maestro.
Recuerda siempre que cuando golpeas una piedra o aplastas una lombriz, golpeas una idea, un espíritu y el principio de la continuidad. Todo está donde debe estar, siguiendo un preciso plan.
¡He aquí el segundo de los sagrados principios que nos enseñaran los antiguos dioses!: Lo que esta aquí, y lo que perciben tus sentidos, es la replica exacta de lo que esta allí y solo percibe tu espíritu. Lo que es arriba es abajo. Dios y tu sois una perfecta réplica. Si matas a tu vecino matas a Dios. Si desprecias a otro te desprecias a ti mismo y desprecias a Dios. Este Universo es la consecuencia del otro. Y los dos, son una misma cosa en el principio mental que antes te he explicado.
¿Lo has comprendido hijo mio?.
Si amado maestro.
El tercer principio dice: Todo, absolutamente todo, incluso las piedras más viejas que parecen inertes, tienen movimiento, tienen vibración, tienen el hálito del espíritu. Nada de lo creado deja de participar de Dios, todo vibra, todo se dinamiza, todo se transforma con el paso del tiempo. Esta roca mañana será una flor, esa flor será un pez y ese pez mañana será un hombre, pues todo es movimiento en la mente de Dios.
¿Has comprendido hijo mio?.
Si amado maestro.
Existe la noche y el día, la sonrisa y la lágrima, El bien y el mal. Deberás entender por tanto que todo tiene su opuesto o su contrario en este Universo bipolar en el que vives. Pero recuerda, hijo mío que Dios es el uno y el otro, el bien y el mal. Si solo integras un extremo en tu vida, serás un adepto y un fanático de uno de los dos lados de la realidad, La clave esta en el equilibrio. Recuerda que de la basura más pútrida nace la más bella de las flores. Por tanto la una y la otra son necesarias y viven juntas. Es así como se manifiesta la vida. ¿Has comprendido hijo mío?
Si amado maestro.
El quinto principio que nos enseñaran los viejos dioses es: Que todo tiene su ritmo, que todo vive en un eterno crecimiento hacia una mayor y mejor evolución. Nada esta por casualidad. Nada esta perdido. Todo esta caminando hacia una absoluta perfección. El mosquito vive un día, la roca cientos de miles de años, pero el uno y la otra se transformarán y de su muerte nacerá otro ser más perfecto, que tendrá dentro la memoria de los dos anteriores.
¿Has comprendido hijo mío?.
Si amado maestro
Es importantísimo que comprendas que, toda causa desencadena un efecto, que si alteras el equilibrio de las cosas se causan efectos y consecuencias. Si ahora siembras vientos, mañana recogerás tempestades. Si ahora no quieres trabajar, mañana te morirás de hambre. Si en esta vida matas, en la siguiente morirás de la misma manera hasta que comprendas que hay que respetar la vida. Piensa por tanto bien tus acciones. No maldigas ahora tu penosa vida, puesto que es la consecuencia segura de la errada vida anterior. Si ahora eres cojo, ayer amputaste la pierna a tu semejante.
¿Has comprendido hijo mío?
Si amado maestro.
Por último debes recordad que siempre hay un principio masculino y un orden ascendente y un principio femenino y orden descendente. Esta el ángel y el diablo, pero los dos son necesarios puesto que uno te enseña el bien y el otro  el mal. De la unión de los géneros, nace el tao, nace la perfección. No juzgues por tanto por la aparente realidad de un solo lado, de un solo principio, puesto que también existe el otro.
¿has comprendido hijo mío?
Si amado maestro.

Aquellos principios, aquellas enseñanzas fueron las que guiaron la vida y obras de Akhenaton, el Faraón hereje. Eran las enseñanzas que el mismo, cuando fue Thot había traído desde la Atlántida antes de hundirse. Eran enseñanzas que recordaban en el niño, al viejo maestro que había en su espíritu.
Y Akhenaton fue creciendo en el conocimiento de la mano de Amenhotep, su venerado maestro.


AKHENATON CONTACTO INTERESTELAR -11-


“Me fueron dadas las alas del águila. Pude viajar entonces en los anales del tiempo y esto fue cuanto ví…”

EN LOS ORIGENES

Según las más viejas tradiciones esotéricas y ocultistas, en nuestro sistema solar existían además de los planetas que ahora mismo orbitan en torno a nuestro Sol, otra enorme masa planetaria, de una tremenda densidad. En estado primitivo, sin que la vida hubiera alcanzado los niveles de la inteligencia humana, pululaban formas primigenias de animales enormes, groseros, deformes, con instintos agresivos para evitar la selección brutal de las especies.
Este planeta tenía un periodo orbital de 6666 años. Por tanto cada 3333 años se aproximaba a la tierra y en otros tantos años se alejaba. Los Dioses, conocedores de este ritmo orbital, ajustaban sus visitas y sus programas de inseminación genética y cultural sobre la raza de acuerdo a la influencia de dicho planeta.
La enorme densidad, su baja condición astral y su influencia negativa, le hacía ser acreedor a un nombre proscrito: “La bestia”. Es por eso que en la propia Biblia se cita el número 666 como el número de la Bestia.
Los señores del espacio; nuestros dioses, inseminadores y tuteladotes de la vida sobre la tierra, sabían y aún saben que el acercamiento de la Bestia producía sobre nuestra morada cósmica, alteración de las mareas, terremotos, cambios biológicos terribles, exaltación de la negatividad de todos los seres vivos. Cambios, en definitiva, que exigían de su parte todo un programa de ayuda, que aún hoy todavía continúa operativo.

Fueron hace varios miles de millones de años que el segundo Sol de nuestro Sistema; Júpiter, se apagó. Es por esto que nuestro Sistema Solar, de ser de doble Sol, pasó a una sola Estrella. Los planetas pasaron de recibir luz todo el día, a un sistema binario, noche-día. De vivir en un maravilloso paraíso, donde la noche era día y el día esplendor, a vivir acompañado de los señores de la noche y de los señores de la luz. De tener solo una meta armónica feliz, progresiva y positiva a un modo donde la sonrisa y la lágrima, la alegría y la tristeza, el bien y el mal, formaron parte esencial de la naturaleza de todos los seres vivos que pululan en nuestro planeta, y por ende en los que forman nuestro Sistema Solar.
El apagamiento de Júpiter produjo un terrorífico cambio en este rincón del cosmos. Todas las órbitas y masas planetarias se alteraron y la “Bestia” se desintegró en millones de fragmentos. Fue la muerte de un Gigante, pero no así de su cuerpo astral. Pues toda materia viva al desintegrarse deja su fantasma o cuerpo astral en el mismo lugar donde habitara.
Tal y como predijo Nostredamus, El séptimo mes del año 1999, “Un gran Rey de Espanto….” Se acercó a la Tierra. Es decir, la forma astral de la Bestia siguiendo su vieja orbita llegó al punto más cercano de influencia a nuestro planeta, produciendo uno de los periodos mas oscuros y negativos que vivimos ahora mismo el ser humano.
Muchos esoteristas predecían la llegada de una gran masa a la Tierra, pero solo los clarividentes, pudieron comprobar que esa masa no era física, sino astral.
Conociendo la fecha de máximo acercamiento a nuestro planeta, es obvio que hace 3333 años, estaba en el punto más alejado. Y es precisamente hacia el año 1334 antes de Cristo, donde ubicamos una serie de acontecimientos que constituyen la base narrativa de nuestra pequeña historia.. Concretamente el día 29 de Abril de ese año, se producía una tremenda conjunción planetaria en Aries, que dio origen al concepto monoteísta, liderado por Moisés, el propio hijo de Akhenaton. En ese día –contado desde nuestra concepción cronóloga del tiempo, que no de los Egipcios- se conjuntaron en  el signo de Aries: Sol, Luna, Marte, Júpiter, Urano, Plutón y Luna Negra, en stellium, es decir, atrapando a su vez a Venus y Mercurio, en el signo de Tauro. Todo ello en trígono con el Nodo Lunar en Leo. Para los profanos en esta ciencia de la Astrología, deberíamos decir que Aries, representa la Unidad, el monoteísmo o la individualidad. Y es por esto, que siguiendo la infalible Ley Cósmica, que el máximo representante del signo de Aries, Moisés, le fue revelada su misión en esta precisa fecha, cuando tenía exactamente 21 años.
Y por seguir en la dinámica de la cronología antigua y 3333 años antes, deberíamos situar otros acontecimientos claves para la evolución humana, hacia el año 4667 AC . En esta fecha anterior los últimos restos del continente Atlantídeo se sumergieron en las profundas aguas del Atlántico.
Solo dos grandes iniciados de esta mítica civilización pudieron salvarse, trasladando el conocimiento a Egipto y a la India. Thotek viajó a Egipto y Ramatek viajó a la India. El primero llevó consigo la bendición de los dioses, junto con todo el saber antiguo del continente extinguido y el segundo a su vez depositó en la tradición sánscrita Induísta la filosofía del yoga, la respiración y la meditación como disciplinas para hallar la iluminación. Ambos fueron adorados por sus respectivos pueblos como Dioses iluminados. El primero fue conocido como Thot  y el segundo como Rama.
Thot volvió a reencarnar en la Tierra 3333 años después en el propio Egipto como Akhenaton y por supuesto, después del mismo periodo de 3333 años, ya en nuestros días, volvió a revestirse de carne, aunque no creo que sea bueno revelar su identidad por no crear expectación banal. Pues no es importante el mensajero, sino el mensaje que porta.

Vamos a situarnos precísamele en el tiempo de Akhenaton. Vamos a entrar en  sus templos, en sus alcobas. Vamos a descubrir su conocimiento y sus ritos iniciáticos. Vamos a remover los viejos recuerdos inconscientes que aún hoy se alojan en nuestras almas. Aquel tiempo fue decisivo para la creación de una casta iniciática, que reencarnación tras reencarnación ha aportado a la Humanidad el conocimiento y el saber. Antes, ahora y después de este momento que estamos viviendo, los “Hijos de Sol” iluminaron  iluminan e iluminarán las sendas humanas hacia la verdad suprema.

AMENOFIS III
Hacia el año 1408 AC, Egipto era sin duda la primera e insuperable  potencia mundial, constituida por la unión de “las dos tierras” es decir el “Bajo” y “Alto” Egipto. Fue precisamente en este año cuando Amenofis III (en el lenguaje tradicional egipcio, Amenhotep, que significa: “Amon esta satisfecho” ) comenzó a reinar sobre una sociedad próspera, armonizada, con un orden político, económico y social muy bien estructurado.
La casta sacerdotal era poderosa y rivalizaba en  algunos aspectos con el propio poder del Faraón. El ejército, ocupaba un papel de perfecta sumisión a la figura de su Rey. Hay que entender que el Faraón era considerado como un Dios, aliado a su vez de los Dioses del Cielo. Amenofis III hábil político y prudente hombre de estado había consolidado sus fronteras mediante negociaciones inteligentes con sus reinos vecinos. Egipto gozaba de un periodo excelente. Los viejos dioses estaban satisfechos y el pueblo vivía sometido a la Ley de Mat y al poder de su Rey. El arte, la música y el conocimiento se desarrollaban en  una de las mejores etapas de la larga historia de Egipto.
Un excepcional equipo de colaboradores dieron a Egipto un esplendoroso momento. Por un lado el Gran Maestro, iniciado, arquitecto, filosofo y espiritualista, Amenhotep, hijo de Apu, que formó íntegramente la conciencia de Akhenaton. Y por otro lado, Suti y Hor magníficos constructores, junto con Beki, organizador de la Hacienda Nacional, procuraron a su soberano y a su pueblo estabilidad y entusiasmo.
Pero no todo eran bendiciones para el padre de Akhenaton, puesto que los hititas, con su ambicioso soberano Suppiluliuma invaden las vecinas tierras del reino de Mittani, que era un tradicional aliado de Egipto. Todo el mundo espera que Amenofis III despliegue su ejército para defender a su aliado, pero lejos de esta acción, envía una serie de delegaciones que procuran una paz estable, basada en una especie de guerra fría, donde cada uno muestra sus armas, pero prefieren no llegar al momento decisivo de la guerra.
El segundo peligro, más silencioso y a la larga mas humillante, esta referido al creciente poder de los sacerdotes de Tebas, ciudad esta consagrada a Amon, un Dios que en sus orígenes era de poca relevancia pero que en este tiempo consigue alzarse a la cabeza de las deidades egipcias.
El sumo sacerdote de Tebas, Mery,  supera en poder, dinero y autoridad a los sacerdotes de Menfis, Heliópolis y del bajo Egipto. Controla la doble casa del oro, los graneros reales, los rebaños de Egipto, incluso las relaciones comerciales del país con los vecinos. Era como otro segundo Faraón dentro del mismo Imperio.
A Mery le sucede un sumo sacerdote virtuoso y consagrado al culto, Amenemhat, aliviando la rivalidad latente entre la casta política y la sacerdotal. Por un tiempo el Imperio goza de estabilidad, pero el joven Akhenaton vive día a día las preocupaciones de su padre, aprendiendo de la prudencia, de la ira contenida y sobre todo que el amor al pueblo debe estar por encima de los deseos personales.
-Hijo mio; tu no eres sino el primero de los servidores de tu pueblo. Serás Faraón no por la voluntad de los hombres sino de lo dioses. Hónrales por tanto, imitando sus virtudes. No te dejes llevar por la cólera, la venganza ni la ruindad. Aprende de lo alto para reflejarlo en lo bajo.

Pero el joven príncipe solo veía las preocupaciones de su padre y el tremendo esfuerzo que debía realizar negando su ardiente carácter por servir a su pueblo. En su alma comenzaba a anidar un sentimiento de repulsa hacia la casta sacerdotal, que pocos años después le llevaría una revolución no cruenta pero sin precedentes en la historia de Egipto.

El Consejo de los Veinticuatro Ancianos se estaba reuniendo. De todos los rincones de la Galaxia acudían seres inteligentes, comprometidos con el plan de la Humanidad terrestre. Hacia varios miles de años que los implantes neuronales en el primate humano estaban dando los resultados apetecidos. Por otra parte, las mejoras genéticas de los distintos rincones de nuestro Universo local, habían propiciado un rápido ascenso evolutivo desde la desaparición de la Atlántida. Pero el último aporte de la raza amarilla, por parte de los seres de Proción, además de mejorar la inteligencia del antiguo poblador terrestre, habría subido  la inteligencia y mejorado el sistema inmune, pero sin desearlo se había activado igualmente la superproducción de adrenalina. Este extremo producía una cierta agresividad en la raza y las previsiones de una constante belicosidad entre los humanos. Los Ancianos de la Galaxia, los que en definitiva seguían el plan de la inseminación genética de todos los planetas de este rincón del Cosmos, habían convocado a todos los espíritus comprometidos en este plan.
Fueron sobre todo los biólogos los que tomaron la palabra, aconsejando reajustes futuros, mediante activación de las glándulas superiores. Pero no todos se ponían de acuerdo. Algunos pensaban que el proceso debía ser más psíquico y no tan biológico. Otros aconsejaban la implantación de nuevas colonias de otras galaxias, con el fín de mezclar convenientemente diversos factores complementarios.
La reunión se prolongaba y no había acuerdo. Era habitual llegar a estas situaciones en las frecuentes reuniones que antes y ahora se siguen en el Cosmos. Determinaron por tanto esperar. Pidieron consejo al gran Maestro de Saturno Luiin, sobre la hora o la fecha propicia para seguir los debates y éste, sacando una pequeña máquina de posiciones planetarias, aconsejó seguir con la reunión, a pesar del cansancio, dado que en cuatro horas de nuestro tiempo, se producía una alineación muy propicia para recibir luz de las Esferas Superiores.
Efectivamente a las cuatro horas, todos los presentes, sintieron con sutileza una mayor aceleración psíquica en sus organismos. Ahora no había prisa, se trataba de encontrar una solución guiada por luz del espíritu.
Tal y como lo habían hecho en el pasado decidieron activar el factor  “RH – “  a partir de una manipulación genética de una mujer egipcia. Además, se contaba con la próxima encarnación del Gran Asthar Sheran (en la religión católica, el Arcángel San Miguel), que requería de unas condiciones precisas para llevar adelante sin violencia, el próximo plan sobre el Monoteísmo en el planeta Tierra.
Es así, que la princesa Tiy fue la designada, para tal plan, de cuyo vientre nacieron a su vez dos faraones, uno de los cuales fue Akhenaton, que por el efecto de esta manipulación, habría sacado el cuerpo algo deforme, y por ende, un carácter exento de violencia y más predispuesto a la religiosidad, el arte y la espiritualidad, pues sobre él cabalgaba el espíritu de Asthar Sheran y de Thotek.
Antes y después de esta reunión, eran conocidas las inseminaciones genéticas, sobre las vírgenes de nuestro planeta. De hecho este conocimiento ancestral fue inspirado por los Maestros del Cielo a los Iniciados Egipcios. Fueron estos a su vez los que escribieron el Génesis, que Moisés, después, entregara al pueblo hebreo como uno de los elementos fundamentales de su doctrina. En dicho libro aparece claramente una sentencia: “Los hijos de los Dioses se juntaron con las hijas de los hombres y las fecundaron…dando origen a los Gigantes”.
Se estableció también que desde el planeta Hoova se transportara genes de DNA mejorados genéticamente y se implantaran en Abraham, y sobre todo en su nieto Jacob. Fue este último el que fue inseminado con los valores de los doce planetas de nuestro Sistema, de ahí que fueran doce los hijos que tuviera. Como después se sabe por el relato histórico, José, fue vendido por sus hermanos y alcanzó prosperidad en Egipto, pero con Jose y sus hermanos se llevó al Gran Reino los valores genéticos inseminados en su padre, para mezclarse con los valores del RH- de la Reina Tiy.

La madre de Akhenaton, la princesa Tiy aparece históricamente como un personaje en segundo plano, cuando realmente estamos ante un ser absolutamente único y por otra parte clave, en el nacimiento y desarrollo de toda una misión, no tanto por ser la cobaya designada por el  Consejo de los veinticuatro Ancianos, sino por ser el apoyo moral de Amenofis III y de su hijo Akhenaton, con el primero, por ser su principal esposa y con el segundo por ser su madre, luego corregente y finalmente esposa real y madre de Tuntankamon; pero esto es otra historia que contaremos oportunamente. Vamos a hora a referir los hechos con un sentido cronológico ordenado.

Yuya era sumo sacerdote del templo del dios Min, dios de la fecundad y de la prosperidad. En la cultura judeo-cristina, sería el Arcángel San Gabriel, o arquetipo de la Fecundidad Divina, el que anuncia a las vírgenes el nacimiento de seres divinos. Además de ser el sumo sacerdote, el padre de Tiy era a su vez el encargado de los carros de guerra del Faraón y consejero de Amenofis III.
Cierto día, cuando se disponía a encender la lámpara de aceite del ofertorio del dios, tuvo una experiencia sublime y a la vez trascendente: Eran las seis de la mañana, las calles de Tebas estaban desiertas. Solo los sacerdotes de los grandes templos madrugaban para renovar las ofertas a sus dioses y para abrir las estancias al pueblo. Yuya portaba el aceite de la lámpara, unas semillas de trigo, recién desgranado, unos dátiles y una lechuga, a fin de que la energía de los alimentos fueran degustados por la estatua de su dios. Min ocupaba el centro del luminoso salón. La Luz de los amplios y altos ventanales del tempo, que se sostenía por gruesas columnas, proyectaban los primeros destellos luminosos de aquel nuevo día. La estatua de Min,  de fuerte color negro, con corona con dos grandes plumas. El falo erecto, barbudo y con un flagelo en  la mano. Se mantenía erguido sobre una peana de fino mármol blanco, donde se leía la siguiente inscripción: "Salve, Min, señor de las procesiones, dios de altas plumas, hijo de Osiris e Isis, venerado en Ipu, coptita, Horus del fuerte brazo".
Yuya depositó con suavidad los alimentos, y se disponía a salir de la estancia, cuando de los inertes ojos del dios comenzaron a salir extraños resplandores. Todo se iluminó con un suave fulgor plateado. El sacerdote comenzaba a plantearse si aquello era real o simplemente se trataba de una alucinación personal. Se acercó un poco más a la estatua y contemplo con un inmenso pavor, como la fría roca de su dios se tornaba carne. Los ojos que ahora le miraban eran de un fuerte color verde. La tez casi de color aceituna iba reflejando un ser bellísimo que emanaba vida y beatitud.
No te asustes, Yuya. He oído cada una de tus plegarias y he aquí que el Cielo a dispuesto otorgarte su favor. Tu esposa concebirá y dará a luz un gran ser, que viniendo del cielo se revestirá de carne, para que de su vientre nazca el espíritu de Thot.

Yuya se pellizco con fuerza la pierna, esperando confirmar si aquello no era sino un sueño, pero de nuevo el hierofante parlante replicó:
No estas dormido, hijo mio, alégrate por ser designado con tal favor. También hablaremos a tu esposa, para que prepare su vientre a tal fin. Tu sangre impregnada de la fuerza del espíritu, estará en vuestra hija y desde ella, se expandirá por la tierra. Será una sangre preciosa, que hará que la raza humana crezca en sabiduría y poder. Tu no puedes comprenderlo ahora, pero vendrá el tiempo en que todo esto sea contado para que el hombre reverencie la voluntad de los dioses.
¿Qué tengo yo para obtener tal favor?
Todos cumplimos un servicio en el Cosmos, todos trabajamos para ganar conciencia individual, pero todos somos llamados, ahora o luego, en esta vida o en otra, a servir el devenir de toda la raza. Ahora te toca a ti, mañana a otro. No hay más mérito para el servidor que simplemente hace su trabajo y ve en cada pequeño gesto de servicio el milagro de su crecimiento personal y el de sus semejantes. No podréis comer carne ni beber vino a partir de este día. Limpiad vuestro cuerpo que es el templo donde encarnará vuestra hija.
Poco a poco la luz del dios se fue apagando, hasta que los nacientes rayos de Sol reflejaron solo piedra, donde antes había habido carne. Yuya se quedó todavía un buen rato absorto, contemplando los ojos de Min, como esperando que volvieran a parpadear, pero solo el frío brillo de la roca le hizo comprender, que todo había concluido. ¿Habrá sido solo un sueño? –se preguntaba- y con esta incertidumbre corrió a su casa para contarle a su esposa la tremenda vivencia que había experimentado.

Tuiu, esposa de Yuya era la directora superior del harem de Min, por lo que tenía a su cargo la administración del palacio de las sacerdotisas del dios y el cuidado de la regla de las mujeres que servían el misterio de Min. Pocos eran los que entendían la misión de las sacerdotisas. El vulgo entendía que eran misiones de limpieza del tempo o de ornamentación de las estatuas, pero solo los iniciados sabían el verdadero misterio que se desarrollaba en las ceremonias de las vírgenes consagradas a este dios.
Tuiu, bella mujer, de fuerte contextura y sólidas creencias, era hija a su vez de un viejo y aristocrático linaje de hombres importantes de Egipto. Servía en el templo con el pleno convencimiento de que su trabajo y el de sus vírgenes consagradas al dios, ayudaba al crecimiento de las cosechas y a la fecundidad de los campos.
Cada equinoccio las sacerdotisas se reunían formando un gran círculo. Entonaban unas suaves notas musicales que repetían viejos mantrams, heredados desde el principio de los tiempos. Bellas melodías, acompañadas de pequeñas percusiones de campanas de cobre, que producían altas vibraciones. Estas vibraciones viajaban imparables impregnando cada brizna de hierba o cada gota del Nilo para que la cosecha correspondiente a cada estación atrajera la vida y la prosperidad sobre el Reino de las dos Tierras.
Antes de cada ceremonia equinoccial las vírgenes solo comían una vez al día fruta y agua. Se purificaban con el baño ritual siete veces al día y ungían su cuerpo con suaves perfumen de albahaca y nardo. Las ceremonias, por otra parte tenían verdadera magia, puesto que se producían verdaderos milagros que, como antes dijimos solo los iniciados conocían.
Se formaba un círculo con las sacerdotisas unidas de la mano. En el centro se ponía una maceta con una planta de mandrágora. Pero esta planta se había dejado si regar varios días antes por lo que su estado solía estar al límite de la supervivencia. En el transcurso de la ceremonia se producía un pequeño milagro, puesto que los cánticos reiterativos y armoniosos de todo el coro virginal conseguía que la planta se moviera al son de la música y se regeneraba plenamente hasta ponerse erecta. Una vez que la planta conseguía su pleno vigor, la ceremonia acababa con la alegría de toda la cofradía. El año que no se conseguía resucitar la planta era una mala señal y esto producía un mayor esfuerzo por parte de las vírgenes, que empeñaba más ceremonias para armonizar a las fuerzas primordiales de la naturaleza a lo largo de todo el año.

Muchos colegios de monjes, sacerdotisas, vestales, etc,etc. Tuvieron y aún tienen como misión fundamental el ayudar desde el plano del silencio al mundo astral; cooperar con las entidades que viven al otro lado de la materia, como son los gnomos, las fuerzas primordiales de la naturaleza, las musas, las sirenas, el Dios Pan, etc, etc,  Incluso hoy en día he podido observa como una serie de monjes chinos, se han acercado a recomponer el cuerpo etéreo de los asesinados en atentado del 11-M en Madrid. Y en estas tareas no estaban solos, sino que los señores del cielo con su astronave Cristal-Bell, también estaban empeñados en esta tarea silenciosa e incomprendida por parte del hombre.

Tuiu estaba entrelazando sus manos con sus compañeras en el circulo sagrado de Min, para activar la cosecha cuando en su cerebro escuchó con una tremenda fuerza inusitada:
Mamá…mamá…mamá….
El sonido fue tan fuerte, que la suma sacerdotisa volteó la cabeza pensando que una niña pequeña estaba detrás suyo.
Tiy, ese es mi nombre,…mamá…..
Fueron varias las veces que siguió escuchando la voz. Por un momento pensó que estaba enajenada o que sus compañeras habían traído una niña al templo y la tenían escondida.

Finalmente todo entró en el silencio interior para dar paso a los suaves mantrams de sus hermanas. La mandrágora se puso erecta y la ceremonia se dio por concluida.
Una vez en casa, los dos esposos se precipitaron el uno hacia el otro con premura de contarse cuando habían vivido. Hablaron por largo tiempo para llegar a la conclusión entusiasta de habían sido designado por su Dios para una gran misión.
Pasaron los meses, hasta el nacimiento de su hija. Tal y como lo había solicitado ella misma se le puso por nombre Tiy. Era morena, de larga cabellera, grandes ojos y una fuerte contextura. Fue educada con esmero, como correspondía a la hija de unos padres nobles y principales del Reino. Frecuentó los templos y fue instruida en los misterios de Min y de Mat por su madre Tuiu.
A la edad de 17 años fue presentada al Faraón Amenofis III que contaba ya con cuarenta años. Enseguida vio en la jovencita un aire distinto del resto de las numerosas mujeres de las que disponía en palacio. El Rey de Egipto tenía plena potestad para disponer de la vida de las doncellas de su reino. Normalmente solo se acercaban a él las familias nobles, pero todo ciudadano se sentiría orgulloso de que el Faraón dispusiera de alguna de sus hijas para su harén personal. Por otra parte los reyes de los países aliados de Egipto ofertaban a sus hijas con sus esclavas al Faraón, de ahí que el harén real contenía cientos de mujeres de varias razas, de diversas culturas, de distintas edades y de diversa condición cultural y social. Era igualmente numerosa la prole de hijos del Faraón, pero solo alcanzaban el rango de príncipe, el que fuera engendrado del vientre de su favorita, elevada a esposa principal.
Amenofis III se quedó prendada de aquella mujer, no solo por su belleza, sino por el decidido además de su rostro. Era una jovencita que emanaba poder y seguridad. Su presencia en palacio solo pretendía cumplir con su inefable destino, que no era otro que ser la esposa del Faraón y madre a su vez de dos faraones más.
Tuvo varios hijos con su esposo entre ellos, Akhenaton, Esmenkhare y finalmente Tutankhamon; pero este último no con el faraón Amenofis III sino con su hijo Akhenatón, en un matrimonio incestuoso, pero obligado por el destino y por los dioses. Algunos se maravillarán de que Tutankhamon naciera de la unión de un hijo y de su propia madre, pero esta era la única manera de crear anticuerpos contra el valor RH- que había sido alojado por los dioses en Tiy y que su hijo asimismo heredó.
Fue una mujer de una tremenda fuerza personal, decidida, con una clara intervención en los asuntos de estado. Asesoró a su marido en las decisiones importantes de estado igual que lo hiciera posteriormente con su hijo.


UNA NAVE DE OBSERVACIÓN EN DEVON -10-


La tarde del 24 de abril de 1965, iba a producirse en la aldea de Scoriton en South Devon (Inglaterra), un hecho que la iba a hacer entrar permanentemente en los anales de la historia de los ovnis. Hoy, más de veinte años después, sigue sin resolverse el enigma del encuentro de Scoriton. Sin embargo, puede ser interesante dar un nuevo repaso a lo que sucedió, para ver si se puede arrojar alguna luz sobre esa increíble serie de coincidencias, que unieron inexplicablemente el nombre de George Adamski a una aldeita de Devon y a un hombre llamado Bryant.
Ernest Bryant, era un hombre inteligente, sociable y que normalmente se sentía a gusto en compañía. Leía poco, fuera de los diarios, pero tenía la suerte de tener un sentido común natural, que le hacía captar rápidamente las cosas. Su amor por el campo le llevó a trabajar de jardinero, y en su tiempo libre se entretenía en arreglar y cuidar su moto.
Aproximadamente a las cinco y media de la tarde del 24 de abril, acababa de tomar el té, y estaba dudando entre ir a dar un paseo o quedarse en casa, cuando de pronto se apoderó de él la fuerte convicción de que tenía que salir. Era como si alguien le dijese: "¡Vamos, ven, te necesitamos!". Así que salió andando de su casita hacia Scoriton Down, sin sospechar que iba a convertirse en una figura clave de uno de los encuentros más extraños que se recuerdan.
El día estaba frío y Bryant caminaba a paso vivo por el sendero. Al llegar a Down se volvió con la intención de mirar al pueblo, porque le gustaba mucho la belleza de aquel paisaje. En vez de disfrutar del panorama, Bryant cuenta que se encontró frente a un gran objeto en forma de platillo, de unos 65 mts. de diámetro, que surgió repentinamente de la nada. Se elevó un poco, se corrió hacia la izquierda y luego a la derecha, antes de quedarse inmóvil a unos treinta metros frente a él, donde quedó suspendido aproximadamente a un metro del suelo en un silencio total.
El asombro de cómo un vehículo, del tamaño que fuera, podía moverse sin ruido y quedarse suspendido a tan poca distancia de tierra, dejó transpuesto a Bryant. En parte estaba asustado y con ganas de correr, pero una curiosidad más fuerte que él le hizo permanecer allí. Antes de que pudiera decidirse, se abrió en el platillo una puerta, que se corrió hacia arriba, desapareciendo en el techo. En la abertura aparecieron tres figuras vestidas con unos trajes que Bryant consideró de buzo, con escafandras y todo. Después de mirarle por un momento, una de las figuras le llamó con los dos brazos extendidos. Olvidándose de su miedo, se adelantó, saltó sobre el portillo que cerraba el camino y se acercó al mismo.
Los tripulantes se estaban quitando las escafandras unos a otros, y Bryant, al ver sus rostros quedó asombrado por el aspecto de dos de los hombres. Tenían la frente muy alta, largo cabello rubio hasta los hombros y ojos de un intenso color azul con pupilas como las de los gatos. Respiraban con alguna dificultad, tenían el rostro pálido y no tenían pulgares en las manos, sino sólo cuatro dedos. Al momento se dio cuenta de que eran de otro mundo. La tercera persona tenía el aspecto normal de un ser humano; el cabello castaño y corto, ojos castaño oscuro, y parecía un chico de unos quince años. Su traje, que a Bryant le pareció de una talla demasiado grande para él, era de un material parecido al papel de plata, y el cinturón con una hebilla en forma de sol radiante, le estaba algo flojo también. Sus botas, como las de los otros dos seres, tenían gruesas suelas y no hacían ruido al andar. Parecía ser el jefe del grupo y actuaba con más desenvoltura que los otros dos.
Bryant recuerda que el muchacho le habló, pero que los otros dos individuos se mantuvieron en silencio: Me llamo Yamski, dijo (o al menos sonó como algo así). Tenía la impresión de que era un ruso, aunque se le notaba acento americano; pero cuando le pregunté de dónde había venido, la respuesta fue: "Somos de Venus". Debí de poner tal cara, que se volvió a los otros y les dijo: "Ojalá Des Les estuviera aquí; entonces comprendería". Me extrañó que dijera aquello, ¿se dan cuenta? Hasta entonces los otros dos no habían hablado, pero parecían muy interesados en un grupo de veinte o treinta ovejas que estaban en el campo de al lado.... Nunca pude saber por qué quizá no habían visto ovejas en su vida. Tampoco las ovejas parecían alteradas por la presencia de la nave, lo que es extraño, ya que son unos animales propensos a espantarse por la menor cosa.
Yamski siguió diciendo: "Hemos venido a informarte. Una de las razones para establecer contacto contigo es porque eres de origen gitano, como yo. Tengo que darte un recado". Al parecer este individuo había sido amigo de Des o Les y quería decirle que sólo ahora se daba cuenta de todo el trabajo que había realizado en sánscrito. Pero estaba desilusionado con Des porque en los últimos cinco años había cambiado de actitud. Al decir esto, sus ojos se humedecieron y se dio media vuelta como para meterse en la nave. Yo no podía imaginar como me las iba a arreglar para comunicar aquel recado. Yamski dijo: "Ya haremos para que venga junto a ti". (Yo entonces no tenía ni idea de quien era Desmond Leslie). Yamski siguió diciendo que él y aquellos hombres iban a aportar pruebas de una maravillosa vida que estaba fuera de los límites de nuestra comprensión. También habló del peligro de las fuerzas de otro planeta, que se apoderaban de personas para la procreación. Cuando le preguntó cómo íbamos a poder saber que habían llegado, los tres parecieron muy divertidos, y Yamski me dijo que ya estaban aquí, bajo las especies del fenómeno que llamamos poltergeist.
Bryant, que era un hombre de mente, acostumbrado a lo mecánico, estaba convencido de que los tripulantes tenían dotes telepáticas, ya que en un momento en que se puso a pensar cómo volaría aquella nave, se inclinaron inmediatamente hacia él y le ayudaron a subir a cubierta, enseñándole todo el platillo, que estaba dividido en tres compartimentos triangulares en los que había sólo un lecho acolchado. Sobre cada lecho había una luz triangular en el techo. Cerca de la entrada había un armario empotrado donde se guardaban las escafandras y a no mucha distancia, una pantalla que parecía de Tv, pero por la que pasaban continuamente luces de colores, moviéndose de arriba a abajo. En el último compartimento, Bryant dice que pudo observar la única cosa que asoció con nuestro mundo. Sobre uno de los lechos había una túnica morada que llevaba maravillosamente bordada en la manga, una rosa. Primero pensó si sería una bata, pero no tenía cordón. La rosa encantó a Bryant por su belleza y porque parecía más real que bordada. Siendo jardinero, le resultaba algo familiar y que podía recordar bien.
Durante la visita a la nave no hubo conversación, pero Yamski le miró intencionadamente cuando llegaron a donde estaba la túnica y Bryant intuyó que aquel momento era importante aunque no sabía por qué. Cuando volvieron a la primera sección, Bryant preguntó cómo podía volar aquella nave, ya que no sentía los motores ni se notaba ninguna clase de vibración que denotase la presencia de maquinaria.
Yamski dijo, muy seguro: "Movimiento ideo motor" (esto a mí no me dice nada, ¿y a Vds.?) y me prometió que volverían a visitarme de cuando en cuando: "Tú quédate atento a la luz azul por las tardes; dentro de un mes te traeremos pruebas de Mantel]". Yo no tenía ni idea de lo que significaba aquello; el nombre me sonaba a extranjero. Recuerdo que pensé para mi: "¡Ojalá hubiera aquí mucha gente para ver esto!". Yamski pareció saber lo que estaba pensando y me dijo: "Grandes cosas son realizadas por los que están solos". Entonces, por primera vez, hablaron los otros dos: "Muchas gracias, te estamos muy agradecidos". Yo salté al suelo, me aparte diez o doce metros y les dije adiós. Ellos me respondieron saludando alegremente con la mano, hasta que la puerta se cerró. Una vez cerrada, no la pude distinguir desde el exterior. En uno o dos segundos, el platillo se elevó a unos tres o cuatro metros y de pronto desapareció. Las ovejas parecieron quedar muy intrigadas y todas volvieron la cabeza en la dirección del vuelo, permaneciendo así cinco o seis minutos, después de lo cual rompieron filas y empezaron a moverse por el campo.
Yo me volví a casa a tomarme una taza de té, y a meditar profundamente sobre mi aventura. Sabía que tenía que esperar la llegada de Des o Les, y esperaba que llegase alguien; por lo que a mí tocaba, estaba en sus manos. No tenía ni la menor indicación de lo que quería decir movimiento ideomotor; de quién era Des Les ni Mantell...; eran muchos problemas, todos mezclados, los que me habían caído encima. Lo que más me obsesionaba era cómo un aparato de aquellas dimensiones  y sabe Dios lo que pesaría  apareciese, flotase y desapareciese, así por las buenas.
Bryant no tenía ni idea de que Mantell había muerto en América persiguiendo a un ovni detectado por el radar. Su caza había hecho explosión al acercarse al extraño aparato y muchos opinaban que aquello lo había destruido deliberadamente.
Poco más de un mes después, el 7 de junio, a las diez y media de la noche aproximadamente, Bryant que estaba a punto de meterse en cama, notó un profundo murmullo que fue aumentando rápidamente de volumen, hasta acercarse muy fuerte. Salió corriendo de la casa, a tiempo para ver una luz azul que se le acercaba desde el suroeste. Es interesante observar que el Señor Vega describió el platillo que fotografió en América del Sur diciendo que tenía una fuerte luz azul en lo alto de la cúpula. Después de uno o dos cambios de dirección, el aparato se puso encima de la casa de Bryant, se oyó un ruido parecido al de un portazo, y la nave se alejó en dirección nordeste, desapareciendo de pronto. A1 día siguiente, encontró una colección de tuercas y tornillos que parecían proceder de un avión y un tubo de cristal lleno de arena blanca y conteniendo un pequeño trozo de pergamino sobre el que estaba escrito en griego clásico "Adelphos Adelpho", es decir, "De hermano a hermano".
Aunque este aspecto de los dos encuentros de Bryant es interesante, no lo es demasiado para la teoría que quiero exponer referente a unas coincidencias bastante notables que aparecen en la primera visita. Las piezas que parecieron caer del ovni en la segunda, nunca han podido ser identificadas de una manera satisfactoria; por otra parte, la redoma de vidrio con la arena y el mensaje, recuerda el caso de Wheeler el venusiano, que presenté en el capítulo anterior.
En cuanto se tuvo conocimiento del caso, se empezó a investigarlo exhaustivamente. Bryant, que era una persona profundamente modesta, respondió cortésmente a todas las preguntas que le hicieron. Una y otra vez tuvo que repetir su historia, y tras muchas sesiones, quedó bien patente que estaba relatando una experiencia que para él había sido muy real. No hubo ninguna prueba de que se hubiese inventado la cosa, y no movió ni un dedo para buscar publicidad alguna; más bien tendía a rebajar las tintas, por el fastidio que le producía su familia.
Volvamos pues, a la escena de Scoriton Down el 24 de abril, y veamos una serie sin precedentes de factores que relacionan el caso de Bryant con Adamski. Por increíble que parezca, Adamski había muerto de repente en California, a más de seis mil millas de distancia, el 23 de abril; la víspera del encuentro de Bryant con el ovni y su principal tripulante "Yamski". Los venusianos de la nave, que se ajustaba al típico modelo de platillo explorador, se parecían a los que había visto Adamski en California, aunque con las manos diferentes, la tez más pálida y las pupilas de gato. Como rasgo idéntico, tenían las frentes altas y el largo cabello rubio. Su traje también era similar, una especie de mono de esquiar.
El nombre de Yamski es claramente una deformación de Adamski. Su acento era el mismo que el de Adamski y Bryant observó que, aunque parecía un muchacho, tenía la voz de un hombre adulto. Su cinturón, con la hebilla en forma de sol, es otro punto interesante. Adamski, cuando vivía, tenía una curiosa marca de nacimiento alrededor del ombligo con aquella misma forma. Yamski habla de Des Les, y todos sabemos que fue Desmond Leslie quien escribió con Adamski "Flying Saucers Have Landed" (Los platillos volantes han aterrizado). Menciona el trabajo en sánscrito realizado por Des, algo que Bryant no pudo haber conocido. También dice ser de origen gitano, como lo era Adamski, y sabe que Bryant es también de la misma sangre. La idea de que los ovnis estaban impulsados por el movimiento ideo motor, fue una convicción que Adamski tuvo toda su vida.
Tenemos después el increíble factor de la túnica con la rosa tan claramente bordada sobre ella, colocada bien a la vista para que Bryant se fije en ella, y el hecho de que éste tenga la impresión de que se trata de algo importante de recordar. Conocemos esta túnica por los escritos de Adamski, y ha sido un punto de conflicto que hizo que algunos de los seguidores más fieles de Adamski se preguntasen si no estaría pasándose un poco de la raya. Pero ahí está para que se entere todo el mundo, extendida ante los ojos de Bryant durante su visita a la nave. ¿Qué debemos pensar? .... ¿Por qué y cómo se nos ha montado todo este escenario en un rincón solitario del campo de Devon, a medio mundo de distancia de los lugares donde se desarrolló la vida de Adamski?...

De la lectura que antecede y que hemos trascrito literalmente del texto de Tansley; por cierto, dicho autor no parece creer en la existencia de los ovnis como objetos tripulados por inteligencias extraterrestres, podemos deducir que Adamski haba tomado un cuerpo, para ratificar la actuación pública durante los años anteriores.
En cualquier caso, el arcano de lo desconocido permanecerá cerrado, y tan sólo especularemos con la imaginación, lo que parece una evidencia; es decir: "Adamski seguramente era un mutante en misión sobre la Tierra, programando un cuerpo en su vida americana, y otro en su vida extraterrena".

LA NUBE QUE ABSORVIÓ A UN REGIMIENTO -9-


E1 caso que presentamos es, sin duda alguna, la desaparición masiva mejor documentada de la Historia. Ocurrió el 20 de Agosto de 1915, durante la primera guerra mundial, en Turquía. En una región cercana al famoso paso de los Dardanelos. El ejército británico llevaba a cabo una campaña intensiva contra los turcos y el regimiento conocido como "Primer Cuerpo de Norfolk", se dirigía al combate. Debían situarse en una colina, pero algo inesperado sucedió.
El informe que reproducimos a continuación, fue redactado por tres testigos presenciales de la desaparición masiva, F. Reichart, R. News y J.L. Newman; los tres miembros de la Sección de Zapadores de un cuerpo militar formado por australianos y neozelandeses. Ellos lo vieron todo porque se encontraban detrás del regimiento de Norfolk.
Después de leer su informe, nuestros lectores seguramente se preguntaren, al igual que nosotros: ¿Fue realmente una nube, aquello que absorbió al regimiento entero?..., en ese tiempo, por supuesto, no se hablaba de ovnis; por tanto, los observadores carecían de ese punto de referencia para describir "aquello" que hizo desaparecer al regimiento. ¿No sería por esta razón que los soldados que firman el informe se refieren a una "nube" en forma de "hogaza", y no a un ovni o platillo volante?...
He aquí su relato:

"El día amaneció sin ninguna nubosidad, excepto seis o siete nubes en forma de "hogaza", todas exactamente iguales, que flotaban sobre la colina 60. A pesar de una brisa del Sur de 7 a 9 Km/h., las nubes no cambiaron de forma ni de posición. Se mantenían en una elevación de unos 60 grados, vistas desde nuestro punto de observación, situado a unos 150 mts. de altura. Directamente sobre la tierra y por debajo de aquel grupo, había otra nube de forma similar, también inmóvil, que mediría unos 240 mts. de longitud, 60 de anchura y otros tantos de altura. Era una nube absolutamente densa, de estructura casi sólida. Todo ello fue observado por 22 hombres de la sección número 3 de la compañía de campo número 1 NZE, desde nuestras trincheras en Rhododendronspur, aproximadamente a 2500 mts. al Suroeste de la nube en Tierra. Nuestro punto avanzado de observación se encontraba a unos 100 mts. por encima de la colina 60. Como luego se comprobó, aquella densa nube cubría un torrente seco o camino hundido (Kaiajik dere) y nosotros podíamos ver perfectamente sus costados y sus extremos, descansando sobre el terreno. Entonces vimos un regimiento británico, el primer cuerpo de Norfolk, compuesto de varios centenares de hombres, que ascendía por el camino o torrente hacia la colina 60. Al parecer acudían en refuerzo de las tropas que allí estaban. A1 llegar donde estaba la nube, penetraron directamente en ella, sin ninguna vacilación, pero nadie salió por el otro extremo, para desplegarse y luchar en la colina 60. Al cabo de una hora aproximadamente, cuando el último hombre de la columna hubo desaparecido en su interior, la nube se levantó del suelo y, como una niebla cualquiera, ascendió lentamente hasta unirse con las otras nubes similares, mencionadas al principio de esta declaración.
Durante todo aquel tiempo, el grupo de nubes había permanecido inmóvil en el mismo sitio, pero cuando la singular nube terrestre, hubo alcanzado su nivel, todas se alejaron hacia el Noroeste, es decir, hacia Tracia (Bulgaria).
En cosa de tres cuartos de hora, habían desaparecido de nuestra vista.
El mencionado regimiento fue dado por perdido o capturado y cuando Turquía se rindió en 1916, lo primero que pidió Gran Bretaña, fue su devolución. Pero, los turcos replicaron que jamás lo habían capturado, que no habían tenido ningún contacto con él, y ni siquiera sabían que existiese.
En el período de 1914 1916, un regimiento británico podía tener 600 a 4000 hombres. Nosotros, los que observamos el incidente, damos fe de que Turquía no lo capturó ni entró en contacto con él. Creemos que tanto estos soldados, como los aviadores desaparecidos en nuestros días, fueron llevados invariablemente al Dorado, así como los tripulantes del "Marie Celeste", o llamado "buque fantasma", que en Noviembre de 1872, zarpó de Nueva York con destino a Génova, hasta que el 4 de Diciembre fue avistado por un  barco inglés navegando a toda vela y sin ninguna tripulación a bordo. ¿Qué había ocurrido con sus tripulantes?